Cómo Aplicar la Ley del “Dharma” o Propósito en la Vida

Cómo poner a funcionar la Ley del “Dharma”:

1) Hoy cultivaré con amor al dios en embrión que reside en el fondo de mi alma. Prestaré atención al espíritu interior que anima tanto a mi cuerpo como a mi mente. Despertaré a esa quietud profunda del interior de mi cora­zón. Mantendré la conciencia del ser atemporal y eterno, en medio de la experien­cia limitada por el tiempo.

2) Haré una lista de mis talentos únicos. Des­pués haré una lista de las cosas que me en­canta hacer cuando estoy expresando mis talentos únicos. Cuando expreso mis talentos únicos y los utilizo en servicio de la hu­manidad, pierdo la noción del tiempo y pro­duzco abundancia tanto en mi vida como en la vida de los demás.

3) Todos los días me preguntaré: “¿Cómo pue­do servir?” y “¿Cómo puedo ayudar?” Las res­puestas a estas preguntas me permitirán ayu­dar y servir con amor a los demás seres humanos.

Leyes Espirituales del Éxito. La Ley del “Dharma” o Propósito en la Vida

Todo el mundo tiene un propósito en la vida… un don único o talento especial para ofrecer a los demás. Y cuando combinamos ese talento único con el servicio a los demás, experimentamos el éxtasis y el júbilo de nuestro propio espíritu, que es la meta última de todas las metas.

Cuando trabajas, eres como una flauta a través de cuyo corazón el susurro de las horas se convierte en música… ¿Y qué es trabajar con amor? Es tejer una tela con hilos sacados de tu corazón, como si tu amado fuese a vestirse con esa tela…

– KHALIL GIBRAN, El profeta

La séptima ley espiritual del éxito es la ley del dharma. “Dharma” es un vocablo sánscrito que significa “propósito en la vida”. Esta ley dice que nos hemos manifestado en forma física para cumplir un propósito. El campo de la potenciali­dad pura es la divinidad en su esencia, y la divini­dad adopta la forma humana para cumplir un pro­pósito.

De acuerdo con esta ley, cada uno de nosotros tiene un talento único y una manera única de expresarlo. Hay una cosa que cada individuo pue­de hacer mejor que cualquier otro en todo el mundo – y por cada talento único y por cada expre­sión única de dicho talento, también existen unas necesidades únicas. Cuando estas necesidades se unen con la expresión creativa de nuestro talen­to, se produce la chispa que crea la abundancia. El expresar nuestros talentos para satisfacer ne­cesidades, crea riqueza y abundancia sin límites.

Si pudiéramos enseñarles a los niños desde el principio esta manera de pensar, veríamos el efec­to que esto tendría en su vida. En realidad, yo lo hice con mis hijos. Les dije una y otra vez que había una razón para que ellos estuvieran aquí, y que ellos debían descubrir esa razón por sí mis­mos. Eso fue algo que oyeron desde los cuatro años. También les enseñé a meditar cuando tenían aproximadamente esa edad, y les dije: “No quie­ro que se preocupen, nunca, por ganarse la vida. Si cuando sean mayores no pueden ganarse la vida, yo les daré lo necesario, de manera que no se pre­ocupen por eso. No quiero que se concentren en ser los mejores de la escuela, en obtener las mejo­res notas o en ir a la mejor universidad. En lo que realmente quiero que se concentren es en pre­guntarse a sí mismos cómo pueden servir a la hu­manidad y cuáles son sus talentos únicos. Porque cada uno de ustedes tiene un talento único que nadie más tiene, y una manera especial de expresarlo, que tampoco tiene nadie más”. Mis hijos acabaron estudiando en las mejores escue­las, obteniendo las mejores notas e incluso en la universidad son los únicos que son económica­mente autosuficientes, porque ellos tienen su atención puesta en el propósito por el cual están aquí. Ésta, entonces, es la ley del dharma.

La ley del dharma tiene tres componentes. El primero dice que cada uno de nosotros está aquí para descubrir su verdadero yo, para descubrir por su cuenta que el verdadero yo es espiritual y que somos en esencia seres espirituales que han adop­tado una forma física para manifestarse. No so­mos seres humanos que tienen experiencias espi­rituales ocasionales, sino todo lo contrario: somos seres espirituales que tienen experiencias huma­nas ocasionales.

Cada uno de nosotros está aquí para descubrir su yo superior o su yo espiritual. Esa es la primera forma de cumplir la ley del dharma. Debemos des­cubrir por nuestra cuenta que dentro de nosotros hay un dios en embrión que desea nacer para que podamos expresar nuestra divinidad.

El segundo componente de la ley del dharma es la expresión de nuestro talento único. La ley del dharma dice que todo ser humano tiene un talento único. Cada uno de nosotros tiene un ta­lento tan único en su expresión que no existe otro ser sobre el planeta que tenga ese talento o que lo exprese de esa manera. Eso quiere decir que hay una cosa que podemos hacer, y una manera de hacerlo, que es mejor que la de cualquier otra persona, en este planeta. Cuando estamos desa­rrollando esa actividad, perdemos la noción del tiempo. La expresión de ese talento único – o más de uno, en muchos casos – nos introduce en un estado de conciencia atemporal.

El tercer componente de la ley del dharma es el servicio a la humanidad – servir a los demás se­res humanos y preguntarse: “¿Cómo puedo ayu­dar? ¿Cómo puedo ayudar a todas las personas con quienes tengo contacto?” Cuando combinamos la capacidad de expresar nuestro talento único con el servicio a la humanidad, usamos plenamente la ley del dharma. Y cuando unimos esto al conoci­miento de nuestra propia espiritualidad, el campo de la potencialidad pura, es imposible que no tenga­mos acceso a la abundancia ilimitada, porque ésa es la verdadera manera de lograr la abundancia.

Y no se trata de una abundancia transitoria; ésta es permanente en virtud de nuestro talento único, de nuestra manera de expresarlo y de nues­tro servicio y dedicación a los demás seres huma­nos, que descubrimos preguntando: “¿Cómo pue­do ayudar?”, en lugar de: “¿Qué gano yo con eso?”

La pregunta “¿Qué gano yo con eso?” es el diá­logo interno del ego. La pregunta “¿Cómo puedo ayudar?” es el diálogo interno del espíritu. El es­píritu es ese campo de la conciencia en donde experimentamos nuestra universalidad. Con sólo cambiar el diálogo interno y no preguntar “¿Qué gano yo con eso?” sino “¿Cómo puedo ayudar?”, automáticamente vamos más allá del ego para en­trar en el campo del espíritu. Y aunque la medita­ción es la manera más fácil de entrar en el campo del espíritu, el simple hecho de cambiar nuestro diálogo interno de esta manera también nos brin­da acceso al espíritu, ese campo de la conciencia donde experimentamos nuestra universalidad.

Si deseamos utilizar al máximo la ley del dharma, es necesario que nos comprometamos a hacer varias cosas:

Primer compromiso: Por medio de la práctica espiritual buscaremos nuestro yo superior, el cual está más allá de nuestro ego.

Segundo compromiso: Descubriremos nuestros talentos únicos, y después de descubrirlos disfru­taremos de la vida, porque el proceso del gozo tie­ne lugar cuando entramos en la conciencia atemporal. En ese momento, estaremos en un es­tado de dicha absoluta.

Tercer compromiso: Nos preguntaremos cuál es la mejor manera en que podemos servir a la huma­nidad. Responderemos esa pregunta, y luego pon­dremos la respuesta en práctica. Utilizaremos nuestros talentos únicos para atender a las nece­sidades de nuestros congéneres los seres huma­nos; combinaremos esas necesidades con nuestro deseo de ayudar y servir a los demás.

Hagamos una lista de nuestras respuestas a es­tas dos preguntas: ¿Qué haría yo si no tuviera que preocuparme por el dinero y si a la vez dispusiera de todo el tiempo y el dinero del mundo? Si de todas maneras quisiéramos seguir haciendo lo que hacemos ahora, es porque estamos en dharma, por­que sentimos pasión por lo que hacemos, porque estamos expresando nuestros talentos únicos. La segunda pregunta es: “¿Cuál es la mejor manera en que puedo servir a la humanidad?” Responda­mos esa pregunta y pongamos la respuesta en prác­tica.

Descubramos nuestra divinidad, encontremos nuestro talento único y sirvamos a la humanidad con él; de esa manera podremos generar toda la riqueza que deseamos. Cuando nuestras expresio­nes creativas concuerden con las necesidades del prójimo, la riqueza pasará espontáneamente de lo inmanifiesto a lo manifiesto, del reino del espíri­tu al mundo de la forma. Comenzaremos a expe­rimentar la vida como una expresión milagrosa de la divinidad – no ocasionalmente, sino a toda hora. Y conoceremos la alegría verdadera y el sig­nificado real del éxito – el éxtasis y el júbilo de nuestro propio espíritu.

Pasos del Despertar Espiritual. Paso 33: El Iniciado

La energía del Iniciado es difícil de describir porque está más allá de la mente, más allá del subconsciente y del intelecto. Está fuera de lo que consideramos la evolución terrestre. Está aquí y no está aquí al mismo tiempo. Intentar ponerla en palabras y descripciones es un ejercicio un tanto fútil, como las primeras palabras del Tao Te Ching que dicen que el Tao que puede definirse no es el Tao verdadero. La gracia de Dios que puede ser definida no es la gracia de Dios. La espiritualidad que puedes explicar no es espiritualidad. La filosofía que puedes explicar no es una filosofía completa, porque, al final, es un sentimiento tanto como un concepto.

El Iniciado está fuera de la evolución humana. Está más allá, en otro lugar. Traspasando esta evolución aquí hay innumerables dimensiones. La experiencia física que describimos como humanidad es una molécula, una forma-pensamiento. Hay otras incontables. Algunas están justo aquí. Hay gente caminando sobre esta tierra, que estuvieron originariamente en lo físico hace 1000 años. Ahora son energías más allá de la mente.

Las 33 energías del hombre son 33 energías que forman una energía, una energía total. El modo de visualizar la es imaginar 33 hebras de hilo entrelazadas. Conforme se retuercen una alrededor de otra, forman una cuerda. Las 33 energías son parte de nuestra evolución. Son el camino de salida y la autopista dentro de esta evolución. Han estado aquí desde el comienzo de los tiempos; estarán aquí más allá del final del tiempo porque son infinitas.

Conforme trabajaba sobre mí mismo durante años y pasaba a través de los procesos que han sido descritos en este libro, la puerta interior se abrió para mí. Empecé a comprender qué está verdaderamente ocurriendo aquí.

Lo que está pasando es maravilloso. En un sentido, para la pequeña mente humana es terriblemente aterrador. Pero por otro lado, es terriblemente bello. Para mí, la decisión fue fácil, porque yo había estado en todos los sitios, había hecho de todo y si yo no buscaba otro lugar para evolucionar, estaba acabado. Muy probablemente, me habría proyectado fuera del plano terrestre. Habría atraído un suceso que me permitiera acabar esta existencia. Como sucedió, una puerta apareció. Cada vez que llegué al final de un grupo de energías, de una serie de experiencias, de una serie de comprensiones, justo cuando me senté y pensé “Bien, esto es todo, Stu, podrías irte al otro barrio y vale”, otra puerta se abrió.

Para muchos de vosotros, el proceso también funciona así. Acabáis con el rollo de este plano mundano. Acabáis con la porquería, así que no necesitáis morir. Lo que necesitáis es el coraje de evolucionar.

Las 33 energías del hombre comprenden un poder sagrado que no está en los libros. No puedes conseguirlo en un seminario. Es una comprensión más allá de la mente. El intelecto dirá que ninguno de estos mundos existe. Pero conforme te acercas a ellos, sabrás que están allí. Probablemente ya sabes que está allí.

Recuerdo un día caminando en las montañas de nuevo México, cerca de un lugar llamado Sipapu, donde cada año me encuentro con mis amigos y presento seminarios en lo alto en las montañas. Caminaba por un sendero de montaña con mi perro. El animal, de repente se agitó y luego se quedó quieto como una piedra. Sus orejas tiesas orientadas hacia el otro lado del camino, hacia arriba, sobre una pendiente con algunos abetos. Miré hacia arriba, esperando ver algún pequeño animal. En vez de eso, lo que vi fue misterioso, asombroso.

A unos 30 metros a mi derecha había una forma geométrica, de color violeta; flotaba en el aire a la altura de la cabeza, rotando despacio. Cuando digo que era geométrico, no era parte de cualquier forma geométrica a las que estamos acostumbrados. No era un cuadrado ni un triángulo, ni un cubo, ni algo oblongo. Pero tenía proporciones geométricas. Suena contradictorio, pero experimenté la percepción de una forma geométrica y aún no puedo explicar su geometría. Es como si existiera en un mundo de 5 dimensiones o en un estado multidimensional, que se convertía para mi beneficio en una percepción tridimensional.

Observé, mesmerizado, como rotaba. Era increíblemente bella. Se movía de un modo extraño, con propósito. Tenía serenidad. Me pareció que tenía inteligencia. Sabía lo que estaba haciendo. Después de un rato, mi perro se quedó satisfecho de que no hubiera nada sobre la pendiente que le pudiera interesar y se echó a andar. Yo seguí observando la forma geométrica que flotaba y giraba. De repente, instantáneamente, cruzó el camino de tierra. Yo no tenía percepción de movimiento, de que viajara la distancia que nos separaba. Estaba unos 30 metros más allá e instantáneamente estaba frente a mí.

No había apariencia de movimiento entre los dos lugares. Estaba allí y repentinamente estaba flotando, a la altura de la cabeza a menos de un metro frente a mí. Flotaba ante mis ojos, rotando increíblemente despacio. Estaba mostrándome aspectos suyos. La forma geométrica era muy compleja, pero muy bella.; cuanto más la miraba, más veía. Había formas dentro de formas, colores dentro de colores. Tenía lo que sólo puedo describir como personalidad. Tenía carácter, algo sagrado, una identidad espiritual. No era sólo un diagrama mecánico en movimiento. Era un ser, un ser geométrico. Tenía una enorme espiritualidad y tenía un modo de atraer mi concentración hacia dentro de su bondad.

Flotó allí por un momento, luego me dio lo que sólo puedo describir como un anillo color dorado. Realmente no me lo dio; flotó cerca de mí. El anillo era de unos 20 cm de diámetro. El anillo dorado era una pista, una llave si prefieres llamarlo así, que abriría una puerta que llegó tres años más tarde. El anillo flotó sobre mí a unos 40 cm sobre mí cabeza. Al momento siguiente a darme el extraño anillo, la forma geométrica se inclinó hacia mí sutilmente, como si fuera una silenciosa oración o reconocimiento.

El proceso de estar frente a mí y lo del anillo, duró unos 30 segundos, entonces se fue por mi izquierda. La vi cruzar una pendiente y pasar un área de hierba, a través de la que fluía un arroyo. Flotó al otro lado del arroyo a unos 6 ó 7 metros. Estuvo colgada en el aire unos 8 ó 10 segundos y desaparición de repente como una pompa de jabón que explotara. Estaba allí y de repente ya no estaba más.

A partir de esa experiencia me di cuenta de que hay muchas cosas más allá de la mente que no entendemos. Desde aquel día, he tenido unas 8 ó 10 experiencias de este tipo, así como visiones internas comparables y símbolos que son parte de la enseñanza o mensaje del anillo. Un montón de cosas sobrepasan mi conocimiento o comprensión. Pero, lo que encontré es que si veo algo que no entiendo, entonces después de un periodo de unos años uniendo las piezas como un puzzle, lo logro entender.

Entraría en detalles, pero a veces es imposible hacer descripciones. Algunas de esas cosas son indescriptibles. Son lugares que no existen, dimensiones que se mueven hacia atrás, doblándose sobre sí mismas. Hay seres que están aquí pero no están aquí. ¿Qué es lo que significa? Algún día tal vez lo sabré. Por otro lado, tal vez la mayor parte nunca lo comprenda. Pero a la vista de eso, en el privilegio de ello, aprendo cosas que no sé y aunque puede que nunca sea capaz de explicarlas todas, algún día alguien, tal vez tú, lo hará.

Por eso, conforme vas hacia la energía 33 como yo lo hice, las visiones te guiarán. La búsqueda te guiará. La fusión te permitirá hacer la trascendencia. Una vez que cruzas, no estás muerto. No estás acabado. No estás sentado en una montaña con una túnica tocando una campanilla con 500 seguidores besándote los pies. Eres el hombre de la basura, eterna, inmortal basura. Mirando calle arriba y viendo a través de la gente como si fuesen trasparentes. Siendo parte de esas dimensiones angélicas. Siendo parte de los espíritus de la naturaleza. Comprendiendo la evolución del agua y del aire, la tierra y el fuego. Viviendo dentro de una dimensión etérica por un lado y siendo un recolector de basura por el otro.

Si te has cruzado alguna vez con una persona que ha logrado maestría sobre la energía 33, nunca lo sabrás. Sé que nunca lograré la maestría sobre ella hasta el día en que deje de enseñar. Poco a poco a lo largo de los años, he empezado a hacer menos apariciones; me muestro en pocos sitios. Así que estoy agradecido, porque estoy llegando allí. Pero un día, cualquier día, voy a comprar un taxi y voy a retirarme al mundo de la energía 33 del hombre, si me permite hacerlo.

Conducirá mi taxi. Y ¿quién estará en el asiento de atrás, sonriendo?. Tú estarás sentado allí, y dirás “Hola, Stu, ¿qué haces aquí?”.

Y yo te diré “Estoy practicando – como tú_-practicando convertirme en nada”

Que Dios te bendiga y guíe tu viaje.

Stuart Wilde